Trata de Personas. Lo que el censo no cuenta

La trata de personas, delito federal encuadrado en las leyes nacionales N° 26.364/08 y 26.842/12, que representa una de las formas más aberrantes de violación de derechos humanos, ostenta en nuestra Ciudad de Buenos Aires una impunidad que tiene como fortaleza la connivencia de las cínicas tramas estructurantes del crimen organizado. Una complicidad que lenta pero cotidianamente nos anestesia de la indignación que como sociedad debiera llevarnos a gritar “¡basta!”. Basta de la explotación sexual sufrida por miles de mujeres y cientos de niñas, basta de la explotación laboral de miles de trabajadores en talleres de costura; basta de trata de personas: basta de esclavitud.

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Y es sobre esta última forma de explotación, la laboral, donde ninguna persona puede pensarse “ajena”: no existe hoy ningún mecanismo de control sobre la industria de la indumentaria que garantice que lo que vestimos no sea producto de trabajo esclavo. Cuestión particularmente grave al observar que, entre los años 2003 y 2011, la producción de la industria de la confección se duplicó; y con ello también se multiplicaron los daños sobre sus víctimas. El aumento de la producción de la industria de la indumentaria, que se cimienta sobre la explotación feroz de trabajadores víctimas de trata en talleres textiles clandestinos de los barrios de Flores, Floresta, Parque Avellaneda y Mataderos, trajo aparejado el aumento de la incidencia de una patología distintiva de la explotación laboral: la tuberculosis. El trabajo continuado en jornadas de 17 horas o más, con alimentación deficiente, en un ambiente insalubre, inhalando el polvillo de las telas durante la producción, generan el contexto “ideal” para esta enfermedad. En el año 2000 (periodo en que la industria de la indumentaria estaba en crisis) los casos de tuberculosis en la Ciudad se contabilizaban en 930. En el 2010 ascendían a 1140, mostrando un aumento del 22%. El informe de Bialet Massé de 1904 se reescribe a diario en la Ciudad de Buenos Aires.

Por eso cada vez más gente está volviendo a comprar en su barrio. Pero para que eso funcione bien necesitamos crear una asociación virtuosa entre comerciantes y Estado, donde cada parte aporte lo suyo para que comprar sea más barato, en espacios seguros y agradables.

Los prostíbulos y talleres clandestinos, alimentados por el sufrimiento de miles de víctimas de trata, no pueden seguir siendo “invisibles” para el “ejercicio de la violencia legítima” del Estado. Se calcula que, sólo en Ciudad de Buenos Aires, existen alrededor de 8000 prostíbulos y 5000 talleres textiles clandestinos: esta es una realidad que no podemos seguir desconociendo. La violación sistemática de los derechos humanos que suponen el trabajo esclavo y la explotación sexual requiere que todos los poderes del Estado asuman sus facultades y responsabilidades; requiere la implementación de un “pacto nacional” contra la trata de personas, y esto implica desarmar las tramas de la connivencia con el crimen organizado. Pero esto solo será posible si existe una firme demanda ciudadana que reclame, manifieste, exija y luche por la defensa de la dignidad humana.

El último censo nos cuenta en 2.890.151 habitantes en la Ciudad. Olvidó contar las miles de víctimas que hoy, ahora, mientras leés esto, están siendo abusadas, explotadas, golpeadas, arrebatadas de todo, mientras como sociedad elegimos la comodidad de mirar hacia otro lado. Desde la Legislatura porteña y en conjunto con varias organizaciones no gubernamentales y centros de estudios sociales estamos trabajando codo a codo para enfrentar el desafío de erradicar el trabajo esclavo y la trata de personas de la Ciudad y de la Región Metropolitana.